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Editorial


En esta edición de ginecología y obstetricia de méxico se publican dos artículos originales relacionados con temas de biología de la reproducción. El primero  analiza la importancia de la fragmentación del ADN espermático como un factor pronóstico, no solo para la consecución de un embarazo, sino también para la fertilización. Es de remarcar el hecho de que la mayor parte de las conclusiones emitidas después de la revisión de los casos coincide con lo publicado en la bibliografía, como lo mencionan los autores.

En general, se recomienda realizar pruebas de fragmentación de ADN cuando la morfología espermática, valorada de acuerdo con el criterio de Kruger, es menor de 4%. Pero, como se esboza en esta revisión, en las pacientes con fallas repetidas de fertilización la determinación de este parámetro puede ser de utilidad para conocer la causa de la infertilidad porque es posible que la fragmentación sea elevada (mayor de 15%), incluso en varones con espermatobioscopias normales.

De hecho, lo anterior es congruente con el concepto cada vez más divulgado del valor muy esencial, básico y relativamente poco confiable, que el análisis espermático de rutina tiene en la evaluación del factor masculino.

El segundo artículo se refiere a un estudio que compara la evolución de los recién nacidos logrados mediante técnicas de reprodución asistida, sobre todo fertilización in vitro convencional versus los concebidos en forma “natural”.

Aunque en la bibliografía una buena parte de los ensayos que evalúan el estado de los recién nacidos mediante reproducción asistida vsespontáneos cataloga la posibilidad de mayores complicaciones en el primer grupo; en este estudio, efectuado en forma retrospectiva, analítica, transversal y observacional se menciona que con atención multidisciplinaria de la gestación la posibilidad de complicaciones en el recién nacido son menores, en  general, en los neonatos de reproducción asistida que en los de embarazos espontáneos.

Es verdad que la atención médica adecuada, como debiera ser siempre, y no solo en grupos selectos, de un embarazo debe repercutir en los fetos, pero también es cierto que esos embarazos suelen ser vigilados con precauciones que extreman en el alto riesgo. Como sea, sus conclusiones alientan al cambio de percepción y sugieren que las gestaciones logradas mediante fertilización in vitro tienen, al menos, una posibilidad de riesgo, en embarazos únicos, cuando menos igual que en embarazos logrados en forma espontánea. Es importante tenerlo en cuenta porque es un cuestionamiento muy común de la paciente en particular y la sociedad en general.

Alberto Kably Ambe




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