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Ahora resulta que todo mundo es un genio y experto en SARS-CoV-2, o COVID-19


No he encontrado a nadie, desde el personal de intendencia con quien he platicado en el hospital hasta políticos, economistas, abogados y, por supuesto, médicos de cualquier especialidad que no emitan sus opiniones, todas ellas “fundadas, respaldadas y avaladas por estudio y publicaciones serias” o personales provenientes de consideraciones realizadas después de haber elaborado un “profundo análisis” del tema. Ahora todos somos expertos infectólogos y epidemiólogos a través de los sitios que no admiten reclamos ni confrontación y, a veces, ni cuestionamientos … las redes sociales.

Todo lo anterior ha redundado en información imprecisa, de dudosa calidad, que provoca serias consideraciones de angustia y temor por un lado, hasta optimismo (los menos) por el otro, sobre lo que más nos interesa a todos … ¿qué sigue después? Y esto es empático y práctico porque, más tarde que temprano, la epidemia se controlará por los medios que se quieran (inmunización natural, vacunas o medicamentos terapéuticos) y a todos nos preocupa qué pasará después.

Como expresé al inicio, los grupos polarizan opiniones que van desde el optimismo más puro hasta la tragedia más cruel, sobre todo para los que tienen planes de vida a futuros cercanos, medianos y de largo plazo y que se basan en la patética y novelesca frase mediáticamente impactante: “Ya nada será igual” o como dice el subsecretario de salud de México …  “nunca regresaremos a la normalidad como fue“ (sic y gulp). Mensaje, por cierto, muy poco motivador para las personas, sobre todo jóvenes que tienen por delante planes de vida, pero, en fin, así es el sentido humano, sobre todo cuando goza de su, siempre temporal, éxito y popularidad.

Ahora todos SOMOS (me incluyo y por eso las mayúsculas) “expertos”. Se escucha y lee en las redes sociales a médicos que jamás habían debatido nada y que ahora critican a las autoridades en relación con modelos estadísticos y modalidades terapéuticas. Nunca han tenido participación ni en las decisiones más triviales dentro de sus organismos (Federaciones, Consejos o asociaciones) y quizá no han participado en organizaciones de grupos médicos sociales, políticos o académicos; ni siquiera en la vida hospitalaria. Ahora, con la facilidad que los medios de comunicación otorgan opinan “con autoridad” y hasta compadecen la estructura del sistema nacional de salud. Ahora es fácil hacerse oír sin réplicas. Me refiero a los médicos porque es mi gremio y lo conozco, pero, igual está así sucediendo con la población en general: todo mundo es experto en el tema.

Hay que ser prudentes para manejar y evaluar las condiciones futuras postpandemia. No podemos matizar de pesimismo un futuro y arruinar, sin haber iniciado, proyectos venideros. La impresión que me queda es que una vez superado esto se tendrán que llevar, mientras no haya vacuna o manejo médico útil en etapas iniciales, una serie de conductas sociales de espaciamiento a las que poco a poco nos acostumbraremos; amén de que puedan retirarse o limitarse cuando pase el tiempo. Pero nada con lo que no se pueda vivir, y vivir “como antes”.

Algunas cosas, particularmente en México, van a cambiar, por supuesto disparadas o proyectadas por la epidemia, lo que sirve de excusa a las autoridades, pero muy moduladas más que por la enfermedad, por nuestra política actual. No dudo que en algunos otros lugares del mundo también suceda, pero aquí, en el país, se incrementará la pobreza, la violencia, la inseguridad, la división entre ciudadanos y nuestro aislamiento mundial y si, sin duda, acelerada por la epidemia, pero incontrolable y encajonada por parte de un gobierno enclaustrado en ideologías retrógradas, divisionistas, monotemáticas y aislacionistas.

Sin embargo, en alguna medida, más o menos, más rápido o lento, menos intenso y frecuente, pero volverá todo: congresos, reuniones, espectáculos, concentraciones familiares, diversiones, restaurantes, viajes, todo. No hay romanticismo ni cambio de época. Cierto que se modificarán muchas de estas cosas, pero no en esencia. Usar cubre bocas, o sentarse más lejano, no cambia la esencia y quizá sea temporal. Los cambios históricos aún en su máxima expresión suelen, no siempre pero sí con frecuencia, tener manifestaciones muy pausadas no tan explosivas como para ser evidentes rápidamente. Es parte de la historia de la humanidad.

La economía, quizá, tenga cambios iniciales, tangibles, pero no determinantes de conducta. Volverá a haber compras, intercambios, etc.

Cierto que a muchos nos pegará muy fuerte y algunos tendrán problemas para conseguir o recuperar su nivel de ingresos, pero… también será acomodaticio y probablemente pasajero.

Cierto que se trabajará más desde casa y se realizarán actividades no presenciales a través de las redes, reuniones, etc., pero también volverá a haber congresos presenciales y oficinas para ir a trabajar. Así será todo. La frase todo va a ser distinto es bastante fuerte, poco tangible y muy determinista y fatalista y muy propia para preocupar a los que tienen planes y metas futuras. Es, finalmente, desalentadora.

Yo más bien diría que con cambios no sustanciales la vida seguirá igual, más tropiezos para iniciar (sobre todo económicos), menos gastos, menos abrazos y besos, menos viajes pero, a la larga … todo será igual y lo que cambie … nos adaptaremos a ello.

La historia de la humanidad es así: cambios sociales promovidos por guerras, epidemias y, con el tiempo, el ser humano se adapta.

No todo será igual de facto, pero sí en esencia. Seguiremos siendo humanos con las mismas metas, necesidades, objetivos, sentimientos, desde nobles hasta malvados, que hasta ahora.

Por peores momentos y en épocas menos regulables, manejables y más intensas y prolongadas de afección ha pasado la humanidad y de todos hemos salido; de ésta, también, a pesar de a quien tengan en su mente.

Alberto Kably Ambe




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