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Estado actual de la inducción médica del parto

Periodicidad: mensual
Editor: Alberto Kably Ambe
Abreviatura: Ginecol Obstet Mex
ISSN: 0300-9041
ISSNe: 2594-2034
Indizada en: PubMed, SciELO, Índice Médico Latinoamericano, LILACS, Medline.

Estado actual de la inducción médica del parto*
Current status of the Medical Birth Induction.

Ginecol Obstet Mex | 1 de Mayo de 2009

Ginecol Obstet Mex 2009;77(5):250-8


Dr. José Rábago
Prof. de Clínica Obstetricia de la Esc. Nac. de Medicina.
UNAM.
Dr. Alfonso Álvarez Bravo
Prof. de 3er. Curso de la Clínica Quirúrgica de la Esc. Nac. de Medicina. 
UNAM.
Dr. Luis Castelazo Ayala
Prof. de Obstetricia Teórica de la Esc. Nac. de Medicina. 
UNAM.

 

* Trabajo oficial, leído en la IV Reunión Nacional de Ginecología y Obstetricia. Torreón, Coah. Nov. 20, 1953. Reproducido de Ginecología y Obstetricia de México 1954; IX:85-96.

La provocación del parto antes del término ha sido realizada desde hace varios siglos. Haciendo a un lado los intentos aislados que hicieron Guillemeau, Moriceau, Siegemundin etc., la primera comunicación sobre el tema aparece, según Denman21 en 1756, a propósito de un Congreso Médico efectuado en Londres en el cual se propuso tal recurso como medio de evitar la elevada mortalidad de la operación cesárea en los casos de estenosis pélvicas. Macauley fue el primero en llevar a cabo la provocación del parto sobre bases científicas.47

A partir de entonces y bajo las indicaciones más diversas, se intentó la inducción del parto con variados procedimientos médicos y quirúrgicos que la experiencia y la adquisición de nuevos conocimientos fueron desechando. Tales son la utilización de la sabina, ruda, ajenjo, áloes, cantárida, apio, pilocarpina, ergotina, etc., así como marchas forzadas, vendajes compresivos, baños calientes, corrientes eléctricas, bujías, sondas de Krause, lavados vaginales, taponamientos, colpo, metro y procteurynter, laminarias, distención del espacio útero corial por diversas substancias, etc.15 Todos estos procedimientos han dejado de usarse desde hace largo tiempo. 

El aceite de ricino ha sido utilizado empíricamente en numerosas técnicas de inducción como tiempo inicial de la misma. Se pensaba que favorecía la aparición del parto al provocar la movilización intensa del tracto intestinal y al determinar una congestión pélvica considerable,30 desaponificando al intestino para facilitar la absorción de las drogas inductoras que se administraban por vía oral. La inefectividad de este medicamento ha sido en la actualidad ampliamente comprobada16,18,22,33,35 y su empleo se encuentra abandonado. 

Desde que Monteverdi51 puso de manifiesto las propiedades acitócicas de las sales de quinina en 1872, se han usado estas profusamente en la inducción del parto. Su administración oral ha oscilado según diversos métodos entre 0.2 y 2 grs a dosis fraccionadas, con intervalos variables y se ha utilizado precedida o no de aceite de ricino y seguida o no de extracto pituitario. Si bien es cierto que la quinina en pequeñas dosis estimula al útero en trabajo de parto y lo sensibiliza a la acción de otros acitócicos, no es universalmente aceptada su acción estimulante sobre el útero antes del trabajo de parto, cuando menos en un grado tal que sea capaz de desencadenarlo. Las dosis elevadas de quinina (1 a 2 grs) inhiben la contracción uterina.70 Por otra parte este medicamento ha sido causa de lesiones fetales serias y aun de muertes fetales77 y numerosos investigadores y trabajos experimentales rechazan su empleo de manera terminante22,31,33,35,36,48 por nocivo e inútil. Nosotros mismos hemos comprobado su fracaso para inducir el parto.16

En 1936 Winkler y Vetter82 publicaron por primera vez resultados satisfactorios en la inducción del parto utilizando la asociación quinina-calcio. El efecto de las sales de calcio sobre el útero ha sido específicamente estudiado por Patton y Mussey58 y tanto ellos como Reynolds63 y Danforth e Ivy19 comprobaron su inocuidad y su efecto estimulante sobre la musculatura uterina. Otros autores56,78 afirman que sensibiliza a la fibra uterina a la acción de los ocitócicos. Los resultados obtenidos en la inducción del parto por diversos investigadores40,56,57,69,78,81,82 utilizando la asociación quinina-calcio (Calgluquina) son buenos si se les compara con los obtenidos por los métodos usados hasta entonces (1943). En pacientes no seleccionadas nuestros resultados han sido francamente malos, pero en aquellas que presentaron circunstancias previas que por sí solas favorecen el trabajo de parto (bolsa rota, huevo muerto, etc.) la frecuencia del éxito fue satisfactoria.15 Si bien no hay razón para descartar por sí misma a la quinina-calcio en la inducción del parto de pacientes seleccionadas, creemos que su empleo se ha relegado con justicia debido a las excelencias de procedimientos más modernos.

Con el criterio de que favorecen la acción acitócica del extracto putuitario sobre el útero, los estrógenos fueron ensayados desde 193729 para inducir el parto, solos o precediendo su administración a la del extracto pituitario. Diversas experiencias publicadas desde entonces28,44,45,76,79 muestran con evidencia lo inadecuado de su empleo para lograr el efecto buscado.

Los derivados del cornezuelo de centeno fueron ensayados para inducir el parto desde el siglo pasado, con poca fortuna. Los conocimientos más profundos de sus efectos y el descubrimiento de nuevos derivados sintéticos o semisintéticos dieron lugar a nuevas investigaciones sobre su utilidad en la provocación del parto. El análisis de los resultados obtenidos por diversos investigadores4,9,11,23,25-27, 50,54,55 demuestran que estos compuestos son poco efectivos y francamente peligrosos, por lo cual creemos que su uso no está justificado.

En intentos realizados desde 1930 para visualizar radiológicamente la placenta por introducción de Uroselectan B a la cavidad amniótica60 fue observado que con frecuencia se iniciaba el trabajo de parto como consecuencia de tal maniobra. Posteriormente Aburel1 primero y Beruti7 después, idearon utilizar soluciones hipertónicas de cloruro de sodio (al 35%) y de glucosa (al 25%), respectivamente, para inducir el parto, introduciéndolas por punción trans-abdominal. Los resultados de estos métodos aparecidos en diversas publicaciones5,14,52,59 demuestran que su uso es francamente peligroso en los casos de feto vivo y que en cambio con feto muerto su eficacia es muy grande y su peligrosidad muy reducida. Nuestra experiencia personal nos ha llevado a rechazarlos cuando el feto está vivo por el riesgo que para este implican; y aún cuando el feto está muerto y el embarazo es avanzado, preferimos no usarlos por considerar que los métodos más modernos ofrecen resultados mejores con menos molestias. Hemos encontrado, sin embargo, gran utilidad en los métodos de Beruti y de Portesy Col49 (300 a 600 cc de suero fisiológico introducidos a la cavidad amniótica por punción transabdominal) para los casos de feto muerto y retenido en embarazos de 18 a 31 semanas, los cuales constituyen en ocasiones un serio problema terapéutico y en los que con mucha frecuencia se muestran ineficaces los procedimientos de inducción más modernos.

Desde 1906 fue observado el efecto del extracto pituitario sobre el músculo uterino20 habiendo sido Blair-Bell6 el primero en utilizarlo para estimular el trabajo de parto. Hendry y Fries en 1911 y Hogen en 191239 iniciaron su estudio como agente provocador del parto y pronto se cayó en la cuenta de que era un medicamento de difícil manejo y de elevada peligrosidad potencial. A partir de entonces se idearon numerosos procedimientos para inducir el parto utilizando dosis fraccionadas de extracto pituitario, que se administraban a intervalos de 15 a 60 minutos, según las técnicas, por la vía subcutánea e intramuscular (métodos de Watson, Caldwey, Stein y Dover, Slemons y Willians, Mathiew y Holman, Daleas, Estienny, Kerr, Davis, etc.).15 Las dosis repetidas fluctuaban, en esos métodos, entre 0.6 y 5U en cada ocasión. En casi todos ellos se hacía preceder al extracto pituitario de aceite de ricino y de dosis fraccionadas de quinina. Los resultados obtenidos eran variables, en ocasiones nocivos y en general poco satisfactorios.

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