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Manejo del Síndrome Climatérico

Periodicidad: mensual
Editor: Alberto Kably Ambe
Abreviatura: Ginecol Obstet Mex
ISSN: 0300-9041
ISSNe: 2594-2034
Indizada en: PubMed, SciELO, Índice Médico Latinoamericano, LILACS, Medline.

Manejo del Síndrome Climatérico*

Handling of Climacteric Syndrome.

Ginecol Obstet Mex | 1 de Agosto de 2012

Ginecol Obstet Mex 2012;80(8):548-553


Por el Dr. Luis Hernández Gutiérrez.
De la Sociedad de Ginecología y Obstetricia de León, Gto.


* Ponencia presentada ante la VI Reunión Nacional de Ginecología y Obstetricia, León, Gto., 9-13 de Octubre de 1956.
Reproducido de Ginecología y Obstetricia de México 1957;vol. XII:156-162.

Como un preliminar necesario al desarrollo de este tema, vamos a exponer algunas generalidades relacionadas con la Etiología, Fisiología, Fisiopatología y Sintomatología de este periodo o época de transición por el que atraviesa toda mujer y que se conoce con el nombre de Climaterio. Aunque muy bien conocido por todos ustedes, es útil recordarlo para facilitar la mejor exposición y comprensión del mismo.

Dejaremos asentado, de una vez, por ser generalmente aceptado, que la palabra menopausia connota exclusivamente la cesación definitiva de la menstruación; mientras que la de climaterio designa el periodo comprendido entre la aparición de los primeros trastornos debidos a la iniciación de la declinación del funcionamiento ovárico, hasta la nueva adaptación funcional del organismo femenino, después de la suspensión total de la actividad de estas glándulas; abarcando, por lo tanto, las etapas que algunos autores clasifican en pre, meno y postmenopausia.

Este proceso evolutivo, al que de manera tan diversa responde cada mujer, se presenta generalmente en la quinta década de la vida, en relación con la cesación de la función menstrual, la cual ocurre por término medio alrededor de los 47 años, existiendo no obstante amplias variaciones a este respecto. De acuerdo con NOVAK, el 50% de las mujeres dejan de menstruar entre los 45 y los 50 años, el 25% antes de los 45 y el 25% restante a los 50 o un poco después, considerándose como precoces las que dejan de hacerlo antes de los 40 años y tardías las que ocurren después de los 55 años. Hasta la fecha no se han podido precisar con seguridad las causas de estas variaciones; sin embargo, hay algunos factores que influyen francamente, como la herencia, ya que se ha observado que la llegada precoz o tardía de la menopausia constituye un rasgo característico de los miembros femeninos de ciertas familias, trasmitiéndose de madres a hijas. También al clima y a la raza se les atribuyen cierta influencia, pues se observa en las razas más morenas y en los climas tropicales aparición más temprana y cesación más tardía de la menstruación.

El factor psíquico, con la consiguiente repercusión endocrina, suele ser responsable de amenorreas definitivas, en edad temprana, como sucede en ocasión de grandes catástrofes o desgracias familiares. El pauperismo, por su acción trófica sobre los genitales, también puede ser causa de menopausia precoz.

El fenómeno esencial del climaterio es la extinción paulatina de todas las funciones ováricas. Cuando las hormonas ováricas empiezan a disminuir se rompe el equilibrio hormonal que normalmente existe, siendo lo más notable la pérdida de la interrelación hipofiso-ovárica que, esquemáticamente, se hace de la manera siguiente: las hormonas gonadotropas de la hipófisis estimulan el funcionamiento de los ovarios, éstos responden aumentando la producción de sus hormonas, las que, su vez, van a desarrollar acción sobre la hipófisis frenando la producción de hormonas gonadotropas, que volverán a aumentar al disminuir el nivel sanguíneo de aquéllas.

Volviendo al principio, al disminuir las funciones ováricas, las hormonas gonadotropas se producen en exceso, especialmente la foliculoestimulina, que llega a aumentar su nivel en la sangre y en la orina, de 10 a 50 veces de lo normal y a esto se atribuyen, por algunos autores, gran parte de los trastornos que se presentan en este periodo.

El aumento de la actividad funcional de la hipófisis no sólo se manifiesta por el aumento de las gonadotropinas, sino que con suma frecuencia se aprecian signos de superestimulación de las glándulas suprarrenales y del tiroides.

Sabemos que la corteza suprarrenal puede secretar andrógenos y estrógenos, pero que estas funciones de la corteza no desempeñan un papel importante durante el periodo de madurez sexual, sino que intervienen activamente cuando se produce el desequilibrio climatérico. Así, se ha comprobado, después de la menopausia espontánea o quirúrgica, aumento en la orina de 17 cetosteroides, que es la forma de eliminación de los andrógenos: por cuya razón se utiliza su dosificación para apreciar la actividad funcional de estas glándulas.

La tendencia viriloide que se observa en algunas menopáusicas se interpreta como debida a una hiperfunción suprarrenal. Algunos autores también atribuyen los trastornos vasomotores a los esteroides suprarrenales.

Durante el climaterio se observa, con frecuencia, aumento de volumen del tiroides y la aparición de manifestaciones de hipertiroidismo en mujeres que antes no lo manifestaban. Sin embargo, también son frecuentes las manifestaciones de hipotiroidismo.

Correlativamente con estos trastornos endocrinos sobreviene el cese de la menstruación, muy variable en la mayoría de las mujeres, en unas se hace en forma brusca, en otras se inicia en forma paulatina disminuyendo cada vez más en cantidad, frecuencia y duración. En otras, en fin, lo hace en forma irregular, desapareciendo por temporadas, volviendo a aparecer después de cierto tiempo, hasta que se retira definitivamente.

Generalmente, en forma simultánea se produce el cese de la ovulación; sin embargo, no siempre ocurre así y con relativa frecuencia, sin que se haya precisado en qué proporción hay excepciones en uno de estos dos sentidos: bien que la mujer deje de ovular algún tiempo antes de que cesen las reglas o sea que los últimos ciclos son de tipo anovulatorio, lo cual pudiera explicar las menometrorragias que pueden llegar a producirse; o bien que la ovulación persista por algunos meses o aún años después de la menopausia, lo que explica los embarazos que suelen tener lugar después de algún tiempo de haber desaparecido la menstruación.

Estas alteraciones funcionales van seguidas, generalmente, de alteraciones anatómicas en el aparato genital y en el resto del organismo. Consisten, esencialmente, en una involución progresiva de los distintos segmentos del aparato genital femenino, condicionada por la disminución trófica del ovario.

Por no ser de la incumbencia de este trabajo la descripción detallada de estas modificaciones, sólo las enumeraré: en el aparato genital: aplanamiento del monte de Venus, atrofia de las distintas partes de la vulva (predominantemente del clítoris), vagina, ureto, trompas y ovarios. Modificaciones somáticas: con frecuencia aumento general o regional (alrededor de la cadera) del tejido adiposo, otras, menos veces, adelgazamiento motivado por la intensidad de los trastornos. La piel se adelgaza, se seca y se arruga, pierde su tersura característica y propicia la aparición de ciertas dermatosis. El pelo se cae parcialmente. Los pelos pubianos y axilares se escasean, encanecen y se vuelven lacios; a veces aparecen pelos gruesos en diversas partes de la cara; los rasgos faciales se endurecen, la voz se torna gruesa, las glándulas mamarias se aplanan y se vuelven flácidas. Se han descrito también alteraciones osteoarticulares, especialmente osteoporosis en los huesos pelvianos y vértebras y artropatías que se manifiestan por dolores en las rodillas, columna vertebral y pequeñas articulaciones de las manos.

Estas manifestaciones somáticas, especialmente en la piel, sistema piloso, disposición de la grasa, rasgos faciales, voz y glándulas mamarias dan a la mujer un aspecto viriloide más o menos marcado.

Los síntomas más característicos, más constantes y que más preocupan a las pacientes, son los de tipo vasomotor, comprenden los llamados bochornos, sofocos o llamaradas que son percibidos por la mujer como oleadas de calor que invaden súbitamente la cabeza, el cuello, la parte superior del tórax y aun todo el cuerpo y que van acompañados o seguidos de rubefacción, ansiedad, opresión respiratoria y de transpiración más o menos profusa.

Son síntomas objetivos o subjetivos, de intensidad y frecuencia muy variable, siendo moderados en la mayoría y más o menos severos en un número relativamente reducido de pacientes y cuya frecuencia e intensidad sirven de pauta de la necesidad y del éxito de la medicación.

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