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A propósito del Día Internacional de la Mujer. El examen de la virginidad plantea muchas interrogantes


“El saber y la razón hablan. La ignorancia y el error gritan”. Arthur Graf

Estimado lector, imagínese a Sekai (nombre ficticio), adolescente de 16 años de edad que vive en un área de Zimbabwe, África, donde se hacen exámenes para comprobar la virginidad de las jovencitas.

Le llega el turno a Sekai para examinarse. Una anciana le pide que se acueste y abra las piernas, y luego le introduce en la vagina un dedo –dedo que ya ha insertado en las partes íntimas de otras jovencitas ese día– para determinar si todavía es virgen. ¿Cómo cree usted que se siente Sekai?

Lamentablemente, la práctica del examen de la virginidad ha revivido en el transcurso de los años; la gente alega que éste protege su identidad africana, su cultura. Diversos grupos –a veces tribus, iglesias o familias– realizan el examen de la virginidad en Malawi, Sudáfrica, Swazilandia, Zimbabwe y otros países africanos. El examen puede efectuarse en niñas de hasta 5 años de edad. Si se determina que una niña no es virgen, el precio que un hombre paga por ella como comprometida será mucho más inferior al estipulado, o se puede negar a casarse con ella. Aunque el hombre acceda a casarse, la niña y su familia a menudo son objeto de deshonra y burla.

A los muchachos, en cambio, no se les somete a tales exámenes íntimos. De los muchachos y de los hombres ni siquiera se espera que se abstengan de las relaciones sexuales antes del matrimonio ni que sean fieles. Su “pureza” sexual no se pone en tela de juicio.

¿Porqué se hace el examen de la virginidad? Primero, su objetivo es determinar la pureza sexual de las jovencitas cuando contraen matrimonio. Segundo, su meta es desalentar a las adolescentes a no tener relaciones sexuales antes del matrimonio y, por lo tanto, puede considerarse una manera de combatir la propagación del VIH/sida.

Este es el caso de Zimbabwe, que registra una de las tasas más altas de infección por el VIH en el mundo. Por ejemplo, el jefe Naboth Makoni, del Distrito Makoni, a 180 kilómetros de la ciudad de Harare, incluye el examen de la virginidad como parte de su campaña contra el sida. Ha dicho que este examen de las jovencitas ayuda a prevenir el VIH en su distrito (que irónicamente tiene la tasa más alta de VIH en el país) al hacer que las relaciones sexuales prematrimoniales sean vergonzosas, y esto pone freno a dichas relaciones. Miles de jovencitas han sido objeto del examen en la región.

Es cierto que la abstinencia sexual –tanto en las jovencitas como en los muchachos– hasta el momento de un matrimonio mutuamente monógamo protege contra la transmisión sexual del VIH. Pero el examen de la virginidad no es necesariamente una manera eficiente de lograr ese objetivo. Ni es justo tampoco. Por ejemplo, algunas adolescentes no pasan el examen porque han sido víctimas de violación o incesto. Cuando la pérdida de la virginidad se descubre durante el examen, las jovencitas son objeto de estigma, mientras que a menudo los agresores quedan impunes. En otros casos, es posible que las jovencitas se hayan visto obligadas a tener relaciones sexuales a cambio de alimentos sólo para poder sobrevivir. Asimismo, es posible que en el himen de una niña el orificio sea amplio naturalmente o haya sido roto por trumatismo. Finalmente, la práctica del examen de la virginidad implica que la sexualidad de las adolescentes, y no de los muchachos, es la causa fundamental de transmisión del VIH.

Es posible que el examen de la virginidad sea perjudicial para muchas de las adolescentes, independientemente de si lo pasan o no. En primer lugar, este examen íntimo despoja a una niña de su dignidad. Se dice que el examen es voluntario, pero los padres presionados por la sociedad pueden obligar o convencer a sus hijas para que se sometan a la práctica. Las que no pasan el examen a menudo son objeto de estigma por parte de sus familias y la comunidad durante meses o años, y su valor matrimonial disminuye. Para preservar su virginidad las adolescentes y mujeres jóvenes a veces tienen relaciones anales, las cuales –si el compañero sexual es VIH infectado– entrañan más riesgo de infección por el VIH que las relaciones sexuales vaginales.

Algunas jovencitas dicen que se sienten felices cuando pasan el examen de la virginidad. En una entrevista publicada en un periódico una joven estudiante de Zimbabwe dijo: “Si se es virgen, una se siente orgullosa y tiene autoestima y confianza en lo que está haciendo”. Sin embargo, algunas adolescentes que pasan el examen corren riesgos: pueden casarse con hombres mayores infectados por el VIH, no diagnosticado. En realidad, es posible que los hombres infectados por el VIH busquen vírgenes jóvenes para casarse con ellas porque creen en el mito de que tener relaciones sexuales con una virgen puede curar la infección.

El examen de la virginidad en Zimbabwe es objeto de controversia, y las personas tienen diferentes opiniones al respecto. Pero, preguntémonos lo siguiente: ¿es el examen de la virginidad realmente una buena manera de frenar la propagación del VIH/sida? ¿No viola los derechos de la joven, la priva de poder y control en cuanto a su cuerpo y su sexualidad? ¿Qué riesgos para la salud entraña el uso en varias jovencitas de los mismos guantes o los mismos dedos que necesariamente no se han lavado bien? ¿Con quiénes se hacen casar estas jovencitas después del examen? ¿Son sus esposos VIH negativos? ¿Por qué la virginidad de los muchachos no se pone en tela de juicio?

¡Tantas preguntas! Pensemos en ellas. ¿Usted qué opina?

Dr. Samuel Karchmer K.




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