Logo
Logo


ISSN: 0300-9041
ISSNe: 2594-2034


Indizada en: SciELO, Índice Médico Latinoamericano, LILACS, Medline
Editada por la Federación Mexicana de Colegios de Obstetricia, y Ginecologia AC
Fundada por la Asociación Mexicana de Ginecología y Obstetricia en 1945
 

INFORMACIÓN EXCLUSIVA PARA LOS PROFESIONALES DE LA SALUD


Periodicidad: continua
Abreviatura: Ginecol Obstet Mex
ISSN: 0300-9041
ISSNe: 2594-2034
Indizada en: Scimago, Índice Médico Latinoamericano, Lilacs, Medline, Science Citation Index, Ulrich, Ebsco.

Dr. José Roberto Ahued Ahued
El hombre quea enseñó que la medicina comienza con la calidad humana


Dra. Josefina Lira Plascencia

Vicepresidenta FEMECOG


Existen personas cuyo legado se mide por las instituciones que dirigieron, por los cargos que ocuparon o por las obras que impulsaron. Existen otras cuya trascendencia se encuentra en algo mucho más profundo: las personas que transformaron a lo largo de su vida. El Maestro José Roberto Ahued Ahued pertenece, sin duda, a este último grupo.

Su nombre ocupa un lugar de honor en la historia de la ginecología y obstetricia mexicanas. Fue un líder visionario, un extraordinario clínico, un académico de excelencia y un impulsor permanente del crecimiento institucional. Sin embargo, quienes tuvimos el privilegio de trabajar cerca de él descubrimos que su verdadera grandeza no residía únicamente en su brillante trayectoria profesional, sino en la forma profundamente humana con la que entendía la medicina y el servicio.

Su liderazgo dejó huella en cada una de las instituciones que tuvo el honor de conducir. Como presidente de la Federación Mexicana de Colegios de Obstetricia y Ginecología (1993-1995), fortaleció la integración de los colegios del país, impulsó la educación médica continua, promovió el desarrollo científico de la especialidad y reafirmó el compromiso de la Federación con la ética profesional y la excelencia académica. Aun después de concluir su gestión, continuó colaborando activamente en el fortalecimiento institucional, convencido de que el liderazgo no termina con un cargo, sino que permanece como un compromiso permanente con la profesión.

Años más tarde, como director general del Instituto Nacional de Perinatología (1995-2005), imprimió una visión que transformó el presente y el futuro de la institución. Durante su gestión se llevó a cabo un enfoque organizacional innovador que agrupó por área de especialización y subespecialización las unidades clinicas con hincapié en la segmentación del conocimiento médico en áreas hiperespecíficas, es así que se fortalecieron áreas estratégicas como la medicina fetal, la medicina de reproducción humana y la cirugía de mínima invasión; se promovió la formación de residentes en centros internacionales de excelencia y se impulsó una cultura institucional basada en la innovación, el conocimiento y el desarrollo del talento humano.

Fue también un hombre capaz de anticiparse a las necesidades de su tiempo. Convencido de que las adolescentes requerían un espacio propio dentro de la atención especializada, impulsó la creación de la clínica de medicina de la adolescente, una unidad pionera que abrió un nuevo camino para la atención integral de este grupo de población y que continúa siendo, hasta nuestros días, un referente nacional.

Pero quizá la imagen que mejor define al Maestro Ahued no es la del director encabezando reuniones, pronunciando conferencias o tomando decisiones trascendentales.

Es la del médico recorriendo diariamente los pisos de hospitalización.

Caminaba con serenidad, saludando por su nombre a médicos, residentes, enfermeras, camilleros, personal administrativo y de apoyo. Nunca permitió que las jerarquías se interpusieran entre las personas. Antes de cualquier conversación aparecía una sonrisa franca, de esas que transmiten cercanía, antes incluso de pronunciar una palabra.

Con las pacientes mantenía un trato profundamente humano. Preguntaba cómo habían sido atendidas, cómo se sentían, si estaban tranquilas y, con la ilusión intacta de quien nunca dejó de emocionarse con la vida, preguntaba con frecuencia: “¿ya sabes cómo se va a llamar este bebé?”. En esa sencilla pregunta se encontraba resumida toda su filosofía de vida. Para él, detrás de cada expediente existía una mujer, una familia y una historia que merecía ser tratada con respeto, dignidad y calidez.

Quienes compartimos  su vida profesional encontramos mucho más que un extraordinario ginecoobstetra. Encontramos a un maestro generoso con su tiempo, dispuesto siempre a escuchar, orientar y abrir oportunidades para las nuevas generaciones. Tenía una capacidad poco común para descubrir talento, confiar en las personas e impulsarlas hacia caminos que, muchas veces, ellas mismas aún no imaginaban.

No buscaba seguidores. Formaba líderes.

No construía dependencias. Sembraba convicciones.

Por ello, su mayor legado no fueron únicamente las clínicas que impulsó, las instituciones que fortaleció o los proyectos que encabezó. Su verdadera obra fueron las personas.

Comprendió que las instituciones no trascienden por sus edificios, por su tecnología o por los cargos de quienes las dirigen. Trascienden por la calidad humana de quienes forman. Esa fue, quizá, su contribución más importante a la ginecología mexicana: formar médicos extraordinarios, pero sobre todo, mejores seres humanos.

El Maestro Roberto Ahued enseñó, sin necesidad de discursos, que la autoridad se construye con el ejemplo; que el conocimiento solo adquiere sentido cuando se comparte; que el liderazgo inspira más de lo que ordena y que la excelencia científica únicamente alcanza su máxima expresión cuando está acompañada de humildad, respeto y vocación de servicio.

Hoy, el Instituto Nacional de Perinatología conserva la huella de su visión. La Federación Mexicana de Colegios de Obstetricia y Ginecología recuerda a uno de los presidentes que contribuyeron a su fortalecimiento. La ginecología y obstetricia mexicanas reconocen a uno de sus grandes maestros.

Pero quienes tuvimos el privilegio de conocerlo sabemos que su legado más valioso permanece vivo en algo mucho más trascendente.

Permanece en cada médico que decidió escuchar antes de juzgar.

En cada profesor que eligió enseñar antes que competir.

En cada líder que comprendió que dirigir significa servir.

Los grandes maestros nunca desaparecen, nunca dicen adiós.

Permanecen en las instituciones que ayudaron a construir, en los alumnos que formaron y en los valores que sembraron.

Hoy, muchos de quienes tuvimos el privilegio de caminar a su lado somos, sin proponérnoslo, una extensión de su legado.

Esa será siempre la obra más perdurable del Maestro.

Hay médicos que dejan pacientes agradecidos. Hay profesores que dejan alumnos preparados. Pero solo unos cuantos maestros dejan seres humanos mejores de los que encontraron.

Ese fue el legado del Maestro.

Dra. Josefina Lira Plascencia

Vicepresidenta FEMECOG


Comentarios